martes, 14 de febrero de 2012

DW



Una tarde soleada en Londres, un grupo de pterodáctilo vuela buscando comida
sobre un grupo de niños. Charles Dickens anuncia en exclusiva un programa de televisión que en su próxima novela habrá fantasmas. El emperador romano, Winston Churchill llega en elefante a su palacio, después de una cita con Cleopatra.

Winston Churchill, sentado en su despacho, mientras su médico le media la tensión arterial, se preguntaba porque sentía que algo iba mal.
Extrañado, le pregunto a su médico
-¿Qué hora tiene? Doctor
-las cinco y dos minutos señor
-son siempre las cinco y dos minutos, de día o de noche, son siempre las cincoy dos minutos de la tarde ¿Por qué? 
-Porque esa es la hora señor
-¿Y la fecha? –dijo señalando un pequeño calendario de su mesa -Siempre el 22 de abril ¿Eso no te preocupa?
-la fecha y la hora siempre han sido las mismas señor ¿Por qué tendría que empezar
a preocuparme ahora?
Pero eso no le tranquilizó a Winston Churchill.
-…..Quiero ver al oráculo ¿Dónde está?
-En la torre… donde lo envió usted por última vez
-¡Tráemelo!
Dos guardias romanos llevaron al oráculo al despacho, se trataba de un hombre alto con la cabeza agachada.
-tic toc, hace el reloj, dice el viejo refrán-dijo el emperador, contemplando un reloj en silencio-
Pero no lo hace ¿Verdad? El reloj nunca suena. Algo le ha pasado al tiempo.
Eso es lo que tú dices, lo que nunca dejas de decir, toda la historia está sucediendo al mismo tiempo, pero ¿qué significa eso? ¿Qué ha pasado? Explícamelo de forma que pueda entenderlo… ¿Qué le ha pasado al tiempo?
El oráculo levanto la cabeza, era un hombre joven, delgado y con una barba poco cuidada, pero lo que más desconcertaba al emperador, era sus ojos, reflejaban el sufrimiento de muchas vidas, la sabiduría de la vejez, Winston Churchill se sentía joven cuando veía esos ojos.

-una mujer.  

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